¿Soy guapa?

Cuando le hacemos la pregunta „¿Soy guapa?“ a nuestro espejo real o imaginario queremos decir „¿Soy digna de ser amada?“, o sea se refiere a nuestro amor a nosotros mismos. En mi vida he conocido muy pocas personas que han respondido con un si rotundo a esta pregunta „¿Soy digna de ser amada?“. Muy pocos son simplemente ellos mismos, de forma sincera y transparente.

El temor a la ineptitud

En la mayoría de las personas hay una profunda brecha entre el rol que presentan hacia fuera y la persona que realmente son. La pregunta „¿Soy digna de ser amada?“ implica para muchas personas su inversión, o sea el miedo de no ser digna de ser amada, el asi llamado „temor a la ineptitud“, de no ser suficiente:

No soy lo suficientemente buena

No soy lo suficientemente atenta

No soy lo suficientemente amorosa

No soy lo suficientemente comprometida…

Para cubrir este temor profundo, muchos se visten por la mañana con su rol como si fuera un uniforme de cuerpo entero y lo llevan el mayor tiempo posible. Sirve como una protección: nos protege ante nosotros mismos – porque no queremos ser nosotros mismos sino preferimos este rol que tenemos. ¡Sería demasiado peligroso ser nosotros mismos, porque sospechamos que no se nos quiere tal como somos!

Aunque sea una verdad básica: Soy digna de ser amada. De niño lo sabemos y lo sentimos muy claramente. Y si tenemos la suerte de tener adultos a nuestro lado que también saben esto, entonces seguimos convencidos de esta verdad. Pero muchas veces tenemos otras experiencias en nuestra vida que nos hacen dudar de esta verdad básica.

Tenemos nuestro rol bien asimilado

Ya en nuestra niñez temprana aprendimos que tipo de comportamiento le gustaba a nuestros padres o otras personas importantes en nuestra vida porque a cambio de ello nos dieron su amor y cariño, como una recompensa. A menudo el comportamiento premiado no era nuestra forma de ser natural. Pero para obtener el amor tan necesario para nosotros nos esforzamos para adoptar aquel otro comportamiento. Y a menudo seguimos esforzandonos haciendo exactamente eso, eliminando el comportamiento que no está bien visto para actuar de una forma que complazca a los demás.

Porque más allá de nuestra infancia hacemos todo para sentirnos amados, esto es definitivamente nuestro movil de vida más fuerte.   Entonces aplicamos las mismas estratégias aprendidas en aquel entonces lejano. Hemos aprendido a funcionar perfectamente. Esto se nos hace bién facil porque debido a  practicarlas por un periodo tan largo las hemos asimilado hasta los tuétanos. Ya reproducimos este comportamiento de forma automática. Evidentemente nos podemos preguntar si estas estrátegias de nuestra niñez son las más acertadas para la vida y los desafios de una persona adulta…

Entonces existe una interacción completamente automatizada entre nuestro pensar y nuestras emociones que encuentra su expresión externa en nuestro actuar – no percibida por nuestra conciencia. De hecho requiere una buena dosis de atención y auto-observación para poder detectar estos procesos. No extraña por lo tanto que ya no necesitamos hacer ningún esfuerzo para vestirnos con nuestro rol que ya es nuestro segundo yo. Muchas personas ni son conscientes de que eso sólo es un rol adoptado y que no tiene nada que ver con su ser verdadero.

“Espejo, espejito…“

De forma que nos colocamos delante de nuestro espejo real o imaginario, preguntándolo: „¿Soy guapa?, ¿Soy digna de ser amada?“. La respuesta que recibimos puede variar, según la persona que esté al otro lado del espejo. Ahi hay diferentes posiblidades, y  yo voy a reconocerlo por los imagenes que surgen en mi o por la voz que me está hablando.

Puede ser una voz que me hable con rigidez, tal como lo haría una madre o un padre: „¡Tu eres demasiado lenta en todo! ¡Corre, date prisa!“  Todos llevamos dentro estas creencias interiorizadas de nuestra niñez en la forma de un Yo de Padres.

También puede ser que nos responda un llorón desde el espejo diciendo: “Yo no puedo con todo eso, todos me dejan solo. Yo me siento debil e incapaz“. Una voz como de un niño. Este es mi propia niña, mi propio niño interior que quiere decirme algo muy importante.

Otros pueden ver en el espejo a alguien de su entorno, la jefa, la pareja, un amigo o una amiga, algún ideal que quizas tengan. Esto lo conocen muchas mujeres de cuando eran jóvenes, cuando cada mirada al espejo decía que una aún no tenía la figura ni el estilo de una cantante u otra estrella famosa a la cual una queria parecerse. Y esto independientemente de lo guapa que se era…

Te invito a prestar atención y oberservar quién te responde a ti desde tu espejo! ¿Cómo habla? ¿Cómo se comporta contigo? ¿Tiene una mirada cariñosa y tierna? ¿O acaso te mira de forma crítica? ¿Con una mirada fulminante? ¿Qué expresión lleva su cara: es dura y severa? ¿Cómo es su tono de voz: amable o sin interés, sin amor? ¿Le es un placer hablar contigo? Y, finalmente, ¿esta persona que te mira y te habla desde tu espejo, se parece a alguien que hayas conocido en tu vida?

Muchas personas dicen que ellos mismo son sus propios críticos más fuerte. Ellos tienen más bien un juez en su espejo, que les muestra todo lo que aún no está lo suficientemente bién. En consecuencia, ellos se sienten mal, insuficientes, como un patito feo. Su humor se hunde y todas las demás personas en su entorno lo sienten.

Qué diferente es si una persona amable y amorosa me mira desde el espejo y me dice: „¡Tu eres maravillosa! ¡Tu eres la más guapa y bella!“. Entonces me pongo alegre, salgo al paso de los demás, regalo mi antención y una sonrisa – y las personas que encuentro me responden de la misma manera.

¿Cómo se siente eso para ti, si te imaginas que un ser te mirar con amor a los ojos y te dice con una voz tierna: „¡Tu eres maravillosa! ¡Tu eres guapa y bella!“? ¿Eres capaz de soportarlo, sin volver en seguida a la actividad diaria?

Te invito a imaginarte esto, y quedarte en ello un tiempito, porque ahi está la clave del amor hacia uno mismo, de este amor incondicional y sin riservas. Ahi puedes descubrir tu verdadero ser profundo. Este ser que es perfecto y suficiente.

A mi me gusta mucho también el ejercicio de amor por si mismo de Louise Hay. Ahi te colocas frente a un espejo y empiezas por respirar varias veces de forma profunda y tranquila. Entonces te miras fijamente y amablemente en el espejo y te dices 10 veces tranquilamente: „La vida te ama“. Después de eso, puedes intentar decir otra frase, también 10 veces: „Te amo“. ¡No te olvides de seguir respirando profunda y constantemente!

¡Observa tus reacciones internas y las emociones que surgen mientras te estas diciendo estas frases! A parte de emociones agradables puede ser que tengas reacciones de rechazo. Pero no pares de prácticarlo. Para ir desarrollando la certeza de que eres buena, lo suficientemente buena y guapa y maravillosa, y que la vida te ama de veras  hay que seguir practicando. Te recomiendo que hagas este ejercicio al menos 2 veces al día, por un periodo de al menos 2 semanas. Este pequeño ejercicio cambia mucho la manera de como te percibes a ti misma.

¡Pruebalo y disfruta de los resultados! ¡Y claro, dejame un comentario como te ha ido con esto!


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